sábado, 13 de julio de 2019

CUANDO LA IDENTIDAD SEXUAL ES UN “DELITO”

El sol comienza a caer en esta fría Mendoza, esa que se jacta de ser inclusiva y moderna, pero en la tierra del sol, pareciera que febo no sale para todxs y muchas chicas trans deben refugiarse en la noche para poder sobrevivir, en una sociedad que las margina y observa despectivamente cada vez que puede.

Fernanda y Marcela son dos chicas trans. Sus historias son muy duras, más de lo que mucha gente ha pasado en toda su vida. Discriminación, violencia y una vida al margen de la sociedad, casi sin derechos, son situaciones cotidianas entre todo el colectivo trans.

Mario Vargas pertenece a CLIK, Corriente por la Libertad, la Igualdad y el Cambio. CLIK es una organización que lucha por los derechos del colectivo LGBT en Mendoza. Marito, como le dicen, abrió las puertas de su casa y junto a algunas chicas de la organización, contaron a La Colectiva cómo es la vida de una chica trans en una provincia tan conservadora como Mendoza.

Las palabras de Mario son contundentes y explican claramente la constante e histórica discriminación que sufren las chicas por parte del Estado y de la sociedad en su conjunto. Marito hace referencia a los dos cuerpos normativos que se aplican en la provincia y que afectan directamente a las chicas trans. Por un lado el Código de Faltas de la provincia y por otro, el controversial Código de Convivencia de la capital.



“Estos códigos son los que regulan a la policía y a lxs preventores, ambos son los que se han encargado históricamente de perseguir a las pibas. El Código de Faltas tiene artículos que penalizan la oferta de sexo en la vía pública y antes del 2004 existía un artículo, que era el 80, que era escandaloso por lo discriminatorio y decía que se podían llevar presas a las chicas por simulación de sexo: "Qué pasaba? La 'cana' las esperaba en la puerta del supermercado, porque te lo podían aplicar todo el tiempo”, indicaba.

Mientras Marito explicaba con elocuencia todas las situaciones de las que son víctimas el colectivo LGBT, las dos chicas trans observaban en silencio, sus miradas lo decían todo. Detrás de la fortaleza se distinguía un dejo de tristeza.

Marito contó un hecho que fue muy importante, que fue la gota que rebalsó el vaso y que sirvió para lograr derogar el artículo 80 del Código de Faltas. “La sociedad ya no se bancaba la situación, porque era increíblemente discriminatoria. Había una chica, Gabriela, que era moza de La Reserva. En el 2004 va a hacer su certificado de buena conducta al Palacio Policial, la ve la 'cana' y la meten presa por el 80. Ahí salieron las chicas a la calle, se hicieron marchas y se pudo derogar el 80”.

Si bien el 80 ya no existe, todavía quedan algunos artículos que son discriminadores y atentan contra los derechos de las chicas. Marito explicaba que la policía se lleva a las chicas por prostitución y la discriminación radica en que se las llevan en todo momento, porque asumen que siempre están prostituyéndose.

Fernanda dejó su café y habló sobre las situaciones que viven todas las noches: “Ahora sacaron en capital el Código de Convivencia, que hace que lxs preventores estén toda la noche persiguiendo a las pibas que están en ciudad. Lxs preventores las pueden llevar a ellas, y le hacen una multa a los clientes por consumo de prostitución en la vía pública. Entonces, como nadie quiere que a su esposa le llegue un papel que diga esto, se habilita la coima. Entonces le dicen: déjame 1000 (pesos) y andá. A eso agreguemos la violencia física a la que se exponen las pibas, porque te hacen bajar del auto, te llaman a la policía…. Las chicas por ahí se enfrentan a persecuciones policiales y se tiran del auto, algunos clientes por escaparse de los móviles han chocado”, expresó con voz firme.

“Todas las noches están, entonces tenés que andar escondiéndote como si fueras un chorro porque se te para el móvil y hasta que no te vayas te sigue por donde sea. Eso es acoso institucional, te siguen, te insultan. Violan la Ley de Identidad de Género”, agregó.


Abusos y más abusos

La discriminación y las situaciones de abuso no las realiza solamente el Estado, sino que es toda la sociedad la que se aprovecha de las situaciones de vulnerabilidad que sufren las travestis.

Marcela contaba su historia. Sola desde los 12 años, no tiene familia ni un lugar fijo para pasar la noche. “Te alquilan por día en departamentos pero muy caros. Estoy una semana en cada departamento, pago $1500 por día. Ando con las valijas para todos lados, no tengo un lugar fijo. Yo soy sola desde los 12 años y te piden muchos requisitos que no tenés, sentenció casi resignada.

“Te alquilan por un tiempo y después ya no. Te ven trava y piensan: esto es alcohol, joda, drogas y no es así, no todas somos así”.

Mientras Marito escuchaba atentamente el relato de Marcela, agregó: “la gente se aprovecha de la situación, porque es esto, el que te cobra plaza por estar en una esquina, el que te alquila a 60 lucas, esta situación hace que mucha gente se beneficie con esto. Hay tipos que les alquilan departamentos a chicas, que lo hicieron por mucho tiempo e hicieron fortuna a causa de estas cosas, las chicas no tienen bonos de sueldo entonces no pueden acceder a otro lugar”.

“Queremos más salud, más educación, más trabajo, de ninguna manera estamos a favor de que las situaciones se repriman porque no te dan respuesta, porque es la historia de la mayoría de las niñas que tiene 12 años y empiezan a prostituirse. Lo único que el Estado tiene son policías, son golpes, gas pimienta; entonces tenemos que empezar a pensar si queremos pensar otro proyecto y una seguridad más democrática”, dijo Mario.



En una sociedad y un Estado que se escandaliza por la trata de personas y las violaciones a menores, pareciera que cuando se trata de una travesti las cosas son diferentes. “Es una sociedad anestesiada, donde pasas por Rodríguez Peña y ves niñas o travestis y nadie piensa que son niñas; son travestis, es el lugar. Después nos preguntamos por qué se mueren las travas a los 35, si lo único que tenemos es represión, porque son expulsadas de la familia, de la escuela, de los lugares de socialización”, finalizó Marito.

La noche ya cubría la ciudad. Marcela seguirá con sus valijas, buscando algún lugar donde dormir, pagándole a algún abusador $1500 por día. Continuará escapando de la policía como una delincuente y soportando las burlas y las miradas hirientes de la sociedad, solo por su identidad sexual.

1 comentario:

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