El sol comienza a caer en esta
fría Mendoza, esa que se jacta de ser inclusiva y moderna, pero en la tierra
del sol, pareciera que febo no sale para todxs y muchas chicas trans deben
refugiarse en la noche para poder sobrevivir, en una sociedad que las margina y
observa despectivamente cada vez que puede.
Fernanda y Marcela son dos chicas
trans. Sus historias son muy duras, más de lo que mucha gente ha pasado en toda
su vida. Discriminación, violencia y una vida al margen de la sociedad, casi
sin derechos, son situaciones cotidianas entre todo el colectivo trans.
Mario Vargas pertenece a CLIK,
Corriente por la Libertad, la Igualdad y el Cambio. CLIK es una organización
que lucha por los derechos del colectivo LGBT en Mendoza. Marito, como le
dicen, abrió las puertas de su casa y junto a algunas chicas de la
organización, contaron a La Colectiva cómo es la vida de una chica trans en una
provincia tan conservadora como Mendoza.
Las palabras de Mario son
contundentes y explican claramente la constante e histórica discriminación que
sufren las chicas por parte del Estado y de la sociedad en su conjunto. Marito
hace referencia a los dos cuerpos normativos que se aplican en la provincia y
que afectan directamente a las chicas trans. Por un lado el Código de Faltas de
la provincia y por otro, el controversial Código de Convivencia de la capital.
“Estos códigos son los que
regulan a la policía y a lxs preventores, ambos son los que se han encargado
históricamente de perseguir a las pibas. El Código de Faltas tiene artículos
que penalizan la oferta de sexo en la vía pública y antes del 2004 existía un
artículo, que era el 80, que era escandaloso por lo discriminatorio y decía que
se podían llevar presas a las chicas por simulación de sexo: "Qué pasaba?
La 'cana' las esperaba en la puerta del supermercado, porque te lo podían
aplicar todo el tiempo”, indicaba.
Mientras Marito explicaba con
elocuencia todas las situaciones de las que son víctimas el colectivo LGBT, las
dos chicas trans observaban en silencio, sus miradas lo decían todo. Detrás de
la fortaleza se distinguía un dejo de tristeza.
Marito contó un hecho que fue muy
importante, que fue la gota que rebalsó el vaso y que sirvió para lograr
derogar el artículo 80 del Código de Faltas. “La sociedad ya no se bancaba la
situación, porque era increíblemente discriminatoria. Había una chica,
Gabriela, que era moza de La Reserva. En el 2004 va a hacer su certificado de
buena conducta al Palacio Policial, la ve la 'cana' y la meten presa por el 80.
Ahí salieron las chicas a la calle, se hicieron marchas y se pudo derogar el
80”.
Si bien el 80 ya no existe,
todavía quedan algunos artículos que son discriminadores y atentan contra los
derechos de las chicas. Marito explicaba que la policía se lleva a las chicas
por prostitución y la discriminación radica en que se las llevan en todo
momento, porque asumen que siempre están prostituyéndose.
Fernanda dejó su café y habló
sobre las situaciones que viven todas las noches: “Ahora sacaron en capital el
Código de Convivencia, que hace que lxs preventores estén toda la noche
persiguiendo a las pibas que están en ciudad. Lxs preventores las pueden llevar
a ellas, y le hacen una multa a los clientes por consumo de prostitución en la
vía pública. Entonces, como nadie quiere que a su esposa le llegue un papel que
diga esto, se habilita la coima. Entonces le dicen: déjame 1000 (pesos) y andá.
A eso agreguemos la violencia física a la que se exponen las pibas, porque te
hacen bajar del auto, te llaman a la policía…. Las chicas por ahí se enfrentan
a persecuciones policiales y se tiran del auto, algunos clientes por escaparse
de los móviles han chocado”, expresó con voz firme.
“Todas las noches están, entonces
tenés que andar escondiéndote como si fueras un chorro porque se te para el
móvil y hasta que no te vayas te sigue por donde sea. Eso es acoso
institucional, te siguen, te insultan. Violan la Ley de Identidad de Género”,
agregó.
Abusos y más abusos
La discriminación y las
situaciones de abuso no las realiza solamente el Estado, sino que es toda la
sociedad la que se aprovecha de las situaciones de vulnerabilidad que sufren
las travestis.
Marcela contaba su historia. Sola
desde los 12 años, no tiene familia ni un lugar fijo para pasar la noche. “Te
alquilan por día en departamentos pero muy caros. Estoy una semana en cada
departamento, pago $1500 por día. Ando con las valijas para todos lados, no
tengo un lugar fijo. Yo soy sola desde los 12 años y te piden muchos requisitos
que no tenés, sentenció casi resignada.
“Te alquilan por un tiempo y
después ya no. Te ven trava y piensan: esto es alcohol, joda, drogas y no es
así, no todas somos así”.
Mientras Marito escuchaba
atentamente el relato de Marcela, agregó: “la gente se aprovecha de la
situación, porque es esto, el que te cobra plaza por estar en una esquina, el
que te alquila a 60 lucas, esta situación hace que mucha gente se beneficie con
esto. Hay tipos que les alquilan departamentos a chicas, que lo hicieron por
mucho tiempo e hicieron fortuna a causa de estas cosas, las chicas no tienen
bonos de sueldo entonces no pueden acceder a otro lugar”.
“Queremos más salud, más
educación, más trabajo, de ninguna manera estamos a favor de que las
situaciones se repriman porque no te dan respuesta, porque es la historia de la
mayoría de las niñas que tiene 12 años y empiezan a prostituirse. Lo único que
el Estado tiene son policías, son golpes, gas pimienta; entonces tenemos que
empezar a pensar si queremos pensar otro proyecto y una seguridad más
democrática”, dijo Mario.
En una sociedad y un Estado que
se escandaliza por la trata de personas y las violaciones a menores, pareciera
que cuando se trata de una travesti las cosas son diferentes. “Es una sociedad
anestesiada, donde pasas por Rodríguez Peña y ves niñas o travestis y nadie
piensa que son niñas; son travestis, es el lugar. Después nos preguntamos por
qué se mueren las travas a los 35, si lo único que tenemos es represión, porque
son expulsadas de la familia, de la escuela, de los lugares de socialización”,
finalizó Marito.
La noche ya cubría la
ciudad. Marcela seguirá con sus valijas, buscando algún lugar donde dormir,
pagándole a algún abusador $1500 por día. Continuará escapando de la policía
como una delincuente y soportando las burlas y las miradas hirientes de la
sociedad, solo por su identidad sexual.


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