Hoy nos encontramos en el barrio La Favorita, ubicado en el en el
piedemonte capitalino de la Ciudad de Mendoza.
Dentro del barrio, se encuentra el Club Libertador.
Y dentro del club, Matías, Andrea y Micaela.
En nuestra provincia hay muchos clubes barriales, dónde niños y
niñas van a disfrutar de la hermosa aventura de la niñez. Pero en este
contexto, estos clubes también se han convertido en un espacio de contención,
para que las infancias tengan aunque sea una comida al día.
Según un informe de la Universidad Católica Argentina, el 60% de lxs
niñxs de Argentina es pobre. La situación alimentaria es la principal
problemática y en Mendoza, gracias a las políticas neoliberales y de hambre que
impulsó la administración del ex gobernador Alfredo Cornejo, y sigue impulsando
su sucesor, Rodolfo Suárez, la provincia se encuentra - junto a Córdoba y
Tucumán - entre las que tienen mayor pobreza infantil.
En este barrio hay muchos prejuicios de la gente, pero atrás de todos estos prejuicios hay una
garra y un corazón enorme. Todo empezó con Matías y Andrea quienes decidieron armar
este espacio de contención:
“El club hace felices a lxs niñxs porque siempre es mejor estar en
los clubes que en la calle”.
En el club están con lxs profes - como les dicen lxs chicxs - dónde
además de jugar al fútbol, también toman la merienda, juegan, se divierten y
comparten las cosas que les suceden.
Al principio eran pocxs niñxs. Luego se sumaron cada vez más.
De pronto no eran solo varones sino que también empezaron a llegar las
niñas.
Entonces Matías le pide a Andrea que dirija el equipo de fútbol
femenino.
- “Pero yo no tengo idea de fútbol!”, pensaba Andrea.
Así lxs profes fueron poniéndole todo el cuerpo y el corazón, porque
este es un espacio de contención y alegría, y porque la pelota es solo una
excusa para darles todo el amor a las infancias de La Favo.
Esto no se dio porque sí. Los derechos conquistados por las mujeres
en el fútbol y la demanda de las niñas, hizo que hoy esto fuera una realidad.
Entonces fue nuestra compañera Mica - quien había empezado en el club por su hijo -, la que le empezó a poner cabeza y corazón a entrenar a las niñas. Pero también para ver qué más podía hacerse dentro del club, ya que esos espacios también son políticos y de participación.
Hoy son más de 100 niños y niñas, quienes además de ser felices
jugando al fútbol, van a tomar la merienda. Es que en épocas de políticas neoliberales,
estos son los espacios que brindan todo aquello que el Estado ausente no realiza.
Esta es una historia de compromiso y voluntad, de amor y de corazón
y de dar respuesta a donde no llega el estado.
Matías, Andrea y Mica hacen todo lo posible para que lxs niñxs
puedan ir a todos los partidos!
Y como no solo de fútbol se trata el club, sino también de generar
valores y aprendizajes, todxs están a punto de ganar un premio por el juego
limpio!
“La cara de felicidad cuando salen del barrio a jugar al fútbol, no
tiene nombre”, nos relatan con una sonrisa lxs profes. Pero para que este proyecto
siga fortaleciéndose se necesita la colaboración de todxs.
Lo que se está necesitando es: indumentaria de fútbol, pelotas,
conos, pecheras, ropa de niñxs, botines, etc.
Todo con lo que puedan colaborar es bienvenido!
Escriban al face del club. Abajo les dejamos el link.


