sábado, 14 de septiembre de 2019

CONVIVIR CON UN PSICÓPATA Y LA CONNIVENCIA DEL ENTORNO

Marisa nos esperaba en un café para contarnos su historia. Esa, que tuvo que vivir como tantas otras mujeres durante dos años, a manos de un compañero de trabajo.

- Él es profesor de educación física, como todo compañero, empezamos con un hola que tal y bueno, tiramos onda digamos. Empezamos a salir y ahí en dos meses él me propone que yo fuese su novia, decía tímidamente.

- Y como su trabajo le quedaba lejos, decide mudarse a mi casa y yo le dije que sí, estaba todo bien, viste que los primeros meses siempre está todo bien, súper enamorados. Proyectos… yo le propuse que se viniera a mi casa por una cuestión de tiempo, comodidad y trabajo.

Mientras continuaba con su relato, poco a poco iba perfilándose el agresor, un hombre violento y manipulador. -Él es entrenador de fútbol, aparte en ese año estaba con chicos de 15 a 16 años en un club y yo empecé a notar que todos los domingos que íbamos a la cancha siempre venia golpeado, insultaba a los padres de los chicos, dije bueno, es normal que los tipos se peguen. Íbamos a Junín, Rivadavia y trompeadera. Era violento, pero como nunca había ido a una cancha pensé que era normal.

-Después empezamos que prestame plata, no me pagaron los entrenadores, estos hijos de puta. Le empecé a prestar plata. Pero tu auto es mejor que el mío, mirá en el que yo ando. Empezó a hacer ese tipo de manipulaciones. Así que bueno, cuando empezamos con este tema dije pobre flaco, hay que ayudarlo.

-Empezó con este tipo de manipulación. Vos tenés más, tanto que tenés y sos tan mezquina. Vos que vivís acá y yo soy del campo. Esas comparaciones y yo dije bueno, por amor uno empieza a dar y a dar hasta que le dije bueno, yo tengo una plata ahorrada, vamos a comprar un auto nuevo para vos, para que no usara el mío.

-Él nunca tenía plata y yo nunca me entere de cuánto cobraba, siempre tenía problemas económicos. Trabajábamos en la misma escuela, usábamos mi auto para ir y venir pero nunca tenía plata.

A medida en que Marisa se adentraba en el relato, cada vez se percibía más al hombre violento y manipulador. No podía juntarse con sus compañerxs de trabajo, especialmente los varones, porque según él, la miraban y poco a poco la fue aislando de su entorno, al punto de que ya casi no hablaba con nadie en la escuela, siendo que ella siempre fue muy sociable.




A pesar de todo, Marisa apostó por la relación y le propuso avanzar como pareja, edificando en la finca donde él vivía, ofrecimiento que él aceptó inmediatamente, todo con dinero de ella, obviamente. Para llevar a cabo la construcción, Marisa buscó más horas de clase.

-Justo yo tuve que viajar a EE.UU. de la nada por una cuestión familiar, un tema de salud de mi hermana. Me fui 20 días. Dejé a mis hijas con mi papá y él se me enoja porque no lo llevaba. Desde allá lo llamaba y él no me atendía y cuando lo hacía estaba enojado porque él pensaba que yo estaba de vacaciones y que yo ya me había enganchado con algún flaco allá porque era tan sociable y “seguro ya te enganchaste con el que iba en el avión”.

-Llegue y el tipo notablemente frío y yo venía con regalos y cosas y me dijo que gracias que la ropa no le había gustado porque dice “¿vos no conocés mi cuerpo todavía? Mirá lo que me has traído.

Los ojos de Marisa, cada vez más enrojecidos, no pudieron contener más las lágrimas. - Tenía la costumbre de agarrarme del cuello y decirme que nunca lo fuera a dejar o nunca lo fuera a traicionar. Me agarraba de tal manera que nunca me dejaba marcas.

- Tuvimos un par de casamientos de gente amiga y en la misma fiesta me hacía escenas de celos, me agarraba del brazo y me daba un tirón y me decía “a quién estás mirando, a quién estás saludando. Seguramente te cogiste a ese o al otro, por algo te conocen” esas situaciones y después ya se puso más morboso y yo ahí ya me alerté.

Marisa habló con un amigo y su esposa, y les relató el calvario que venía padeciendo desde hace tanto tiempo. Ellos le recomendaron denunciar la situación al 144.

- Yo me fui a fiscalía y lo denuncié. En ese momento estaba enojado conmigo por las peleas y nos veíamos en la escuela, me decía que nunca me fuera a cortar el pelo porque me iba a dejar, que no quería verme vestida de negro porque odiaba el color negro.

- Y en ese tiempo, en las noches me mandaba mensajes, videos masturbándose, videos que bajaba según él. Videos de una mujer con dos tipos. Yo le decía que no me gustaban y él empezaba que yo era una “cortamambo”.

- Después de que yo le hice la denuncia me vine a pique y la psicóloga me diagnostica depresión.

Y como la justicia patriarcal está del lado de los violentos, en la escuela donde lxs dos trabajamos se pusieron de su lado y yo me tuve que ir.

Recordemos que la ley 26.485 en su artículo 6 contempla las modalidades de violencia y una de estas es la Violencia institucional contra las mujeres: aquella realizada por las/los funcionarias/os, profesionales, personal y agentes pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin retardar, obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan los derechos previstos en esta ley.

Muchos detalles de la historia de Marisa, que no es su verdadero nombre, no se han relatado en estas líneas. Las denuncias finalmente tuvieron eco en la Justicia y actualmente el caso está judicializado y en etapa de investigación.

Los nombres de los lugares de trabajo, así como de todas las personas que están involucradas, se han omitido para no entorpecer el trabajo que están realizando desde el Ministerio Público.

Una vez que la causa avance y se logre, al menos la imputación del abusador y de todxs lxs involucradxs, se darán a conocer más detalles de este caso que, lamentablemente, es la dura realidad que sufren cientos de mujeres diariamente. 

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